Sexualidad a Flor de Piel

Sexualidad a flor de piel

Los afectos y los impulsos eróticos y sexuales constituyen un lazo sólido entre los personajes. Las pautas sociales restrictivas, que Juno suele quebrantar con facilidad, incluyen las relaciones coitales; de ahí que la protagonista no se arredre a la hora de subirse con Bleeker en el sillón, porque sabe que está siendo sincera consigo misma, a pesar de los riesgos.

Fue “algo premeditado”, dice la protagonista (aunque separa el coito del embarazo, con eso no contaba). Nadie duda de que ella fue quien tomó la decisión de hacerlo, sus padres, su amiga y el propio Bleeker (“siento haberme enrollado contigo, ya sé que no fue idea tuya”, le comenta Juno). La conocen bien y saben que ella es quien toma decisiones, que no fue por aburrimiento como sugiere Leah, aunque en este caso hubo un claro error frecuente entre algunos adolescentes que, conocen los métodos anticonceptivos, pero parecen olvidarse de todo llegado el momento.

Juno no cree estar enamorada de su amigo, más bien le apetecía, experimenta… (Parece que hizo algo similar con algunos medicamentos que le produjeron un ataque de locura en el centro comercial, según comenta con Su Chin). Este proceso de ensayo y error no puede confundirse con una práctica de química en el laboratorio, Juno lo va aprendiendo. La experiencia erótica y coital con Bleeker, a pesar de todo, la califica de “magnífica”. Es la respuesta a la pregunta de su amiga “¿Cómo fue tirarse al saco de huesos de Bleeker?” y es que todos dudan de la virilidad del joven compañero, quizá por comparación con el carácter decidido de Juno cuyo pensamiento atrevido y sincero escuchamos a lo largo de la cinta, por ejemplo viendo pasar a los corredores (recurrencia rítmica en la narración): “Cuando les veo corriendo así con sus cositas saltando dentro de los shorts, siempre me los imagino desnudos, aunque no quiera. Solo veo cipotes”.

Bleeker y Juno conversan sentadosDiablo Cody, la guionista, decía en una entrevista: “Mis amigas y yo éramos como Juno y Leah. Hablábamos de sexo sin parar. Hay una escena en la que Leah habla sobre cómo eran las relaciones sexuales con su novio, y dice que ella se colocaba encima porque así le resultaba más fácil tener un orgasmo. Ésa fue una discusión real que mantuve con una amiga mía cuando ambas teníamos dieciséis años. Puede resultar chocante para algunas personas, pero es francamente real”.

Así pues, a nadie le puede resultar extraña la aparente precocidad de los jóvenes de la película. Los adolescentes sienten curiosidad por el manejo de un móvil (por cierto que en el film, el director eliminó conscientemente estos aparatos para subrayar la inocencia de los jóvenes), de un ipod o un programa informático…, así pues también sienten curiosidad por el funcionamiento de su cuerpo, del sexo. Juno aprende, y cuando se encuentra delante a alguien parecido a ella misma: la recepcionista del Centro que le ofrece los preservativos con sabor a mora y habla su propia jerga (“Mi novio los usa cada vez que nos enrollamos, hacen que su paquete huela a tarta”), mantiene una actitud más distante que le lleva a responder: “No, ahora paso del sexo” y rechaza el comentario de la chica, acaso porque se reconozca a sí misma en otro momento emocional anterior.

Se podría decir que la protagonista, dentro del proceso que establece la narración cinematográfica, pasa de un estadio meramente impulsivo a otro más reflexivo, con respecto al sexo, a las relaciones, a las decisiones…, porque eso no supone pérdida alguna en su forma de ser, simplemente añade un matiz lo suficientemente relevante para ser incorporado en su personalidad. Así pues, la posibilidad de evolución y autodescubrimiento se la da, aunque parezca un contrasentido, esa relación coital con el bueno de Paulie Bleeker. Quizá también podría haber madurado sin necesidad de quedarse embarazada, disfrutando con él…, sin embargo la concepción no es un castigo sino un error que se podía haber evitado, porque lo que la protagonista reconoce es que no está preparada para la maternidad (“Ya lo sé, es que no estoy preparada para ser mamá”, comenta a sus padres), aunque esta valoración es muy personal y no se admiten opiniones ajenas (recordemos la reacción de Juno y su madrastra al comentario de la técnica radióloga que realiza la ecografía).