Autoestima
Autoestima
Desde un punto de vista psicológico, la autoestima es una capacidad en evolución que nos permite ser conscientes y experimentar la propia existencia, conocer nuestro potencial, nuestras necesidades y limitaciones, que nos da confianza para conseguir objetivos, que permite experimentar el amor y la fidelidad hacia uno mismo. Es una capacidad singular, porque se trata de unas cualidades que nos hacen diferentes, pero no es estrictamente individual porque también necesita unas referencias que obtenemos en las relaciones con los demás y sirven para establecer una escala de valores, objetivos e ideales que hacemos nuestros. Es una capacidad dinámica que nos permite adaptarnos o modificar las circunstancias variables de la vida cotidiana.
Padres y profesores procuramos educar a nuestros hijos y alumnos, estimulando características y valores positivos. El resultado de este aprendizaje conforma un esquema de lo que debe ser y de lo que no debe ser la persona, una especie de “yo” ideal. Todos deseamos conseguir un “yo” real que asemeje al “yo” ideal. Si la diferencia entre estos dos conceptos es pequeña, experimentaremos un sentimiento de autoestima o autoestima positiva. Si, por el contrario, la separación es muy grande obtendremos una falta de autoestima o autoestima negativa. Un “exceso” en esta autoestima puede provocar cierto sentimiento de superioridad, como les sucede a nuestros jóvenes protagonistas. Por esa razón podemos hablar de autoestima ajustada o desajustada. Para alcanzar un equilibrio saludable, deberían salir de sí mismos y asomarse a lo que otros son y viven. No es necesario ser campeón mundial de mascar chicle o comer chocolate, tener todo lo que se nos antoje, ni siquiera ser el más listo, tan solo debemos ser lo que somos, como le ocurre a Charlie (“No era ni más rápido, ni más fuerte, ni más listo que los demás niños. Y su familia no era ni rica, ni poderosa, ni influyente. De hecho, apenas tenía para comer. Charlie Bucket era el niño más afortunado del mundo, pero él aún no lo sabía”). Naturalmente no se refiere al premio, sino a su familia y al crecimiento personal que experimenta.
Un niño o un adolescente con autoestima ajustada, como Charlie, tolera la frustración, actúa con independencia, asume responsabilidades con entusiasmo para conseguir los objetivos propuestos, se siente satisfecho con lo que hace, muestra emociones y sentimientos, incluso se siente capaz de influir en los demás. Aparentemente, otros protagonistas de la película también parecen tener alguna de esas cualidades: Mike Tevé es un chico independiente, Veruca Salt sabe muy bien cómo influir en sus padres, Violet está entusiasmada para conseguir el record de mascar chicle, incluso Willy Wonka se muestra satisfecho con lo que hace…, pero la orientación de esas cualidades (no es lo mismo tener voluntad para estudiar que para mascar chicle) y sobre todo, sus dificultades en las relaciones interpersonales, condicionan y favorecen una autoestima desajustada, porque son incapaces de comunicarse adecuadamente con los demás, de escucharles, de ofrecer su ayuda… Por eso individualizan su comportamiento, piensan sólo en sí mismos (recordemos cómo Augustus y Violet no comparten el chocolate o la manzana de caramelo con Charlie), rivalizan constantemente (Veruca y Violet se miran y dicen ser “superamigas” con tono falso evidente), hablan negativamente de otros, procuran llamar la atención y convertirse en centro de atención (“yo soy la niña que va a llevarse el premio especial” dice Violet al Sr. Wonka en su presentación), muestran más interés en las cosas (chocolate, chicle, televisión, mascotas…) que en las personas, no se sienten demasiado unidos a sus padres, difícilmente hablan de algo que no sea sobre ellos mismos y se descontrolan emocionalmente llegando a comportarse a veces de forma agresiva (Mike dispara con el videojuego o rompe la calabaza de caramelo en la fábrica y Veruca grita a su padre para que le compre la ardilla).
Tras el concurso, Willy Wonka se siente inseguro e insatisfecho (“No comprendo lo que me pasa. De lo único que he estado seguro ha sido de las golosinas y ahora ya ni eso”). Su castillo se tambalea porque ha entrado en contacto con otras personas y por el recuerdo de su padre. Su actitud vengativa de estos años se transforma en duda y reflexión (“Me critico a mí mismo, es de locos”). Las decisiones tomadas como compensación o huida de un problema de relación con su padre, han dejado de ser positivas y se vuelven contra él mismo (“Hago las golosinas que quiero, pero como todo me parece horrible, me salen horribles”). La llamada “baja autoestima” se caracteriza por este estado de pesimismo, depresión, considerarse incapaz de hacer algo, sentimiento de inutilidad…, que podrá ser transformada con la toma adecuada de decisiones, revisión de objetivos y afrontamiento de la causa. La reflexión del Sr. Wonka con su Oompa-siquiatra, la conversación con Charlie-limpiabotas y el posterior encuentro con el Dr. Wonka, remediarán este paréntesis traumático y negativo en nuestro personaje.
