Ni por todo el chocolate del mundo

Ni por todo el chocolate del mundo

 

Charlie con sus padres y abueloEn general, los personajes de las películas de Burton no parecen tener buenas relaciones con sus padres, recordemos a Lydia Deetz (Winona Ryder) en “Beetlejuice” , William Bloom (Billy Crudup) en  “Big Fish”, Víctor en “La novia cadáver” o “Alicia” ( Mia Wasikowska). Incluso algunos protagonistas de sus films son huérfanos, como el James de “James y el melocotón gigante”, “Batman” (Michael Keaton)o “Eduardo Manostijeras” (Johnny Depp). Las relaciones familiares y su influencia en la educación de los hijos es, en “Charlie y la fábrica de chocolate”, un aspecto fundamental. El propio autoconcepto de nuestro “yo”, en torno al cual se organizan nuestras necesidades y objetivos, lo percibimos cuando nos relacionamos con los demás y el primer ámbito de relación es la familia. Willy Wonka tiene un pasado familiar que Burton añade a la novela de Dahl. La intransigencia y rectitud del Dr. Wonka provocarán en su hijo un rechazo a los padres (“Están siempre diciéndote qué hacer o no hacer y eso no es favorable para una atmósfera creativa”/ “No puedes dirigir una fábrica cargando con el muerto de toda una familia.) y la búsqueda de aquello que le era vedado: los dulces. Tendemos a aceptar los valores de referencia del grupo al que pertenecemos y corremos el riesgo de perder autoestima si no somos capaces de seguir las pautas de nuestro grupo familiar

La falta de libertad hace de Willy Wonka un personaje inseguro, condicionado por las indicaciones paternas, aparentemente insensible e infantil. Por el contrario, la excesiva permisividad provocará en otros personajes la pérdida total de fronteras afectivas y relacionales que desatarán unos mecanismos de compensación. Así, Augustus come lo que quiere y cuando quiere, Veruca procura que le compren de todo, Mike vive aislado con sus pantallas y Violet con sus competiciones. Todos tienen en común unos padres faltos de criterios educativos, el ansia por el consumo: de chocolate, chicle, televisión o cualquier cosa y un comportamiento anómalo con el resto de los seres humanos. Cuando se ponen frente a la prensa para anunciar el hallazgo de su billete, se muestran seguros y complacidos, haciendo alarde de sus “cualidades” y también con una actitud de desprecio hacia los demás, Violet dice “a mí no me importa quienes sean los otros cuatro, el premio será para mí” y Mike, tras explicar cómo ha sabido dónde estaba el billete, añade “hasta un tarado lo averiguaría”. Charlie es el único que no aparece entrevistado por su hallazgo, incluso su primera reacción es la de renunciar al premio aceptando alguna de las ofertas económicas que servirían para que su familia no pase hambre (“Necesitamos más el dinero que el chocolate”). El equilibrio emocional y afectivo, su ajustada autoestima, le llevan a valorar la situación de forma objetiva y madura, relegando a un segundo plano el natural impulso primario de la inmediata satisfacción personal. Solamente aceptará cuando el abuelo George le exponga un argumento válido en el que el dinero no lo es todo (“Sólo un bobo lo cambiaría por algo tan vulgar como el dinero”). En realidad quien gana el premio en la película es Wonka, porque al final se ha reencontrado con su padre y aparece rodeado de una familia, la de Charlie. La abuela Georgina le dice “Hueles a cacahuetes. Me encantan los cacahuetes” y Wonka tiene un gesto de sensibilidad y afecto respondiendo: ¡Oh!, usted huele a persona mayor y a jabón. Me gusta”. Sin duda, el abrazo de su padre le ha hecho superar el bloqueo que le impedía afrontar las relaciones familiares.